Después de haber ido varias veces a este restaurante, se ofreció nuevamente la posibilidad para ir. Era noche de cine y cena. La peli fue la de El Origen (buenísima de por cierto) y después la cena. Las opciones a las 11 de la noche en el sur de la ciudad no son muchas, así que tomamos rumbo hacia el Sud 777. Este restaurante pertenece al grupo de restaurantes del Erawan, Ivoire y 50 Friends (liderado por Alberto Cinta). Ha quedado demostrado que no escatima en la decoración, ambientación y concepto y por tanto, en ese sentido el lugar resulta una garantía.
Llegamos a las 11:00 de la noche y había lista de espera. Nos mandaron al lounge a esperar; y mientras lo hacíamos nos tomamos el respectivo aperitivo. Este es uno de los primeros restaurantes (no oaxaqueños) que noto que integran una interesante lista de mezcales en su oferta. Finalmente terminaron por entender que NO hay diferencia entre la gasolina y el Mezcal Gusano Rojo y que a diferencia de éste, existen otras marcas de ese destilado que merecen ser ofrecidos como de alta calidad.
Yo he sido fanático del tequicheve (terminajo acuñado por mí cuando empezaba la carrera de Derecho) y desde que descubrí la fantástica combinación de un tequila con una cerveza, es raro que perdone la oportunidad de pedirlo como aperitivo. He aprendido algunas combinaciones, como por ejemplo tequila Maestro Tequilero reposado con cerveza León; Cuervo Tradicional con Pacífico; 7 Leguas blanco con Montejo. El chiste es maridar un licor de texturas semejantes a las de la cerveza.
Pero siguiendo con la idea, en Los Danzantes aprendí el gusto del mezquicheve y ahí he logrado dos que tres maridajes sin madre: el mezcal de gusano Alipús con una Bohemia Trigueña. El temas es que tequicheve o mezquicheve, hay que saber controlar los impulsos y tener un sistema de navegación bien integrado, porque en ambos casos pega y duro.
El tema es que en el Sud 777 ya puede tomarse un mezquicheve de calidad. El escogido en esta ocasión fue un mezcal “N” con una cerveza obscura. El tema es que mientras esperábamos nuestra mesa nos fueron preparados los aperitivos y después de 10 minutos y nuestra mesa estuvo lista. Nos advirtieron que el bar y el restaurante tienen “cajas” separadas, cosa que a mi francamente me vale un carajo, el lugar es uno y ellos deben de resolver las formas de cobro. Comento esto porque tuve que esperar a que prepararan la cuenta del bar para poder pasar a la del restaurante.
Fuimos conducidos a la zona de fumar, que es de las mas agradables que he visto en el Distrito Federal. Lo único malo es que nos asignaron una mesita, de esas que son atendidas de vez en cuando por los meseros y hay que estar llamando a los meseros para pedirles lo que en el momento se ofrece.
La carta del lugar la considero como suficiente y completa. Hay desde mariscos frescos como ostiones de Baja California y Kumamoto, hasta buenos cortes de carne, pasando por charcutería fina como jamones de bellotero, quesos mexicanos, etcétera.
En cuanto a la carne, existe la opción del Prime Rib al horno y Rib Eye añejado por 21 días. El añejamiento de la carne es un proceso controlado de maduración, que procura la concentración del sabor y que los tejidos grasos después de la muerte del animal se extiendan y logren un “marmoleo” ideal que repercutirá en un sabor excepcional de la carne. En México no he encontrado buenos cortes de carne añejada, pero he tenido oportunidad de comerla en el Smit & Wolenski de Las Vegas y Nueva York; en el Cut de Chicago y la mejor, en el Mastro’s de Beverly Hills y el sabor es impresionante.
Yo incrementaría una mejor oferta en las ensaladas, pues las que hay son pocas y a mi gusto no son buenas sino simplemente cumplidoras. La césar se prepara en cocina y el aderezo es más bien tirándole a lo gringo.
En esta ocasión me decidí por los hongos Skillet y el Prime Rib (soy necio). Mi esposa pidió la Tártara de Atún y las brochetas de Pulpo a la Gallega. Desde luego aprovecharé la ocasión para comentar el resultado de algunas otras visitas a este restaurante.
Pues bueno, la experiencia fue la siguiente. Llegó el primer plato, los hongos Skillet es una combinación de hongos hechas al sartén (asumo que es de hierro) con una reducción de soya, jengibre y un toque picante. Me da la impresión de que flamearon con algo para darle la terminación al plato y le pusieron germinado de trigo para darle un toque de frescura. El plato tenía una excelente intención, el término de los hongos me pareció ideal (crocantes aún, conservando la mayoría de su agua) pero bien impregnados del sabor. En cuanto a la preparación, fue demasiado salada a mi gusto. Lo acompañaron también con unos croutones con la gracia de un bolillo rebanado y pasado por un pinche tostador sin más; y con unos tostones de tortilla frita cuya única función de acompañar la comida con Cazares insípidos. Me parece que este plato tiene una inspiración japonesa, misma que confirmo que en el Nobu está mucho mejor interpretada. El plato me pareció regular y no lo volvería a pedir.
En otras ocasiones de entrada he pedido el foi gras con chutney de fruta (me parece que era mango o chabacano) y ha resultado simplemente bueno. Nada comparable con el del Au Pied de Cochon, el Tezka y La Gloutonnerie. Y las ensaladas, a mi gusto, resultan hasta poco antojables a la vista. La César ha sido mi opción en varias ocasiones y me recuerda a esas ensaladas del Red Lobster que puede uno añadirle pollo, camarones o lo que sea.
La tártara de atún de mi esposa fue una repetición de algo que habíamos pedido ya anteriormente. Es buena simplemente. El atún está cortado en trozos (pescado de muy buena calidad en cuanto al pescado y el corte) aliñado con aceite de olivo, aguacate, especias y un toquecito de limón, acompañado de los Cazares insípidos mencionados anteriormente. Es buena sin poderle competir, en absoluto, a la Tártara de Atún del Barrio Sur, por ejemplo. Es decir, me parece que le falta una parte de frescura al plato que en la mayoría de las ocasiones es posible dárselo con un poco de lechuga.
Llegó mi carne. Mencioné antes acerca de mi necedad; pero bueno. En otros comentarios he dicho que soy fanático del Prime Rib, pero resulta que es un corte de carne que para que sea espectacular, se necesitan técnicas muy difíciles de ejecutar. Es necesario un horno especial; pero es más importante que el cheff que lo prepare conozca muy bien el horno que utiliza. Los mejores cortes que he probado son horneados por algo así como 20 horas. El tema es que la cocción de la carne sea prácticamente igual en todas sus partes, pero un factor fundamental para el sabor, es el sellado que se haga inicialmente del trozo de carne junto con las especias con las que se marinó. En fin, el Prime Rib de este restaurante es regular y el horseradish se hace indispensable para acompañarlo, no se si por lo insípido del horseradish o de la carne, pero se llevan muy bien (en este caso). El horseradish es una raíz molida de un sabor parecido a la mostaza o al wasabe, que procura dar una nota fuerte a la carne para romper un poco con la cantidad de grasa que puede tener. En una buena experiencia, el horseradish es para utilizarse solo eventualmente como para complementar uno que otro bocado; pero si es indispensable para toda la carne algo anda mal.
Otro punto interesante es el “Au Jus” de la carne. El Prime Rib es un corte que suelta un jugo muy sabroso, pero que no es suficiente para bañar de él a todos los trozos que salen de la pieza de carne. Así que hay que hacer más utilizando el que salió del horno. En el caso del Sud 777, el “Au Jus” se traduce en un gravy que me recuerda al que hacía mi abuelita para el pavo de navidad, utilizando un base de mantequilla y harina, caldo de carne y saborizantes que resultan en un gravy cremoso y tirándole a lo saladón, que predomina sobre el sabor de la carne. O sea, si le picamos unos champiñones, no pasa nada. El sabor será igual de pinche.
El Prime Rib estaba acompañado por unas espinacas a la crema incomibles y 5 papas a la francesa que ni aportaban ni quitaban nada al plato. Estaban ahí nomás, a lo pendejo.
Mi calificación de regular del Prime Rib es, esencialmente, por la buena calidad de la carne.
En otras ocasiones he pedido tanto el Rib Eye como el Ney York, así como el Porter House y ahí si estamos hablando de otra cosa. La calidad de la carne realmente merece la buena calidad de la parrilla y las estupendas técnicas de cocción que tienen para hacer las carnes. El término que dan a la carne me parece idealmente bien logrado, el medio es medio y a punto es a punto, con la parte de afuera con un sabor de brasas increíble. La preparación y la parrilla, me recuerda al Hy’s de Vancouver siendo superado por el Sud en un buen tramo; pero al nivel de otros cortes en México como los del Barrio Sur, por ejemplo.
Mi opinión ahí cambia dramáticamente y de ahí la explicación de mi necedad: si ya se que voy a un restaurante en donde no saben cocinar el Prime Rib pero hacen excelentes cortes a la parrilla, carajo, en qué momento perdí la cabeza.
La brocheta de pulpos a la gallega, a decir de mi esposa, no le mereció ni siquiera un comentario. Frío, de sabores mediocres y así nomas.
En cuanto a la carta de vinos, como ya lo mío es por copa, me pareció que es bastante variada la oferta y de buena calidad, aunque pudiera estar mejor. Me decidí acompañar mi primer plato con un Ribera del Duero cosecha 2009 que estaba falto de carácter y definición y mi carne con un Malbec que estaba de acuerdo a las necesidades del momento.
El postre fue un sorbete de mango delicioso.
Por lo que hace al servicio, en esta ocasión fue un poco malo. Tuve que estar recordando a los meseros lo que quería y lo que les faltaba por llegar a la mesa, aunque usualmente es mejor.
Mi balance general de este restaurante por esta y todas las veces que lo he frecuentado, es bueno, pero sugiero poner atención en ciertas partes del menú para no pedir platos que de plano el señor Cheff nomás no la hace. Definitivamente regresaré en próximas fechas.
Este es un foro destinado para compartir una de mis mas grandes pasiones: el arte culinario. En este blog dejo mis opiniones de algunos restaurantes, así como recetas y tips para cocinar. Siempre con el ánimo de compartir los detalles que pueden hacer un gran momento y hacer del momento de comer, un rito sublime.
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domingo, 1 de agosto de 2010
viernes, 16 de julio de 2010
Harvey's. Guácala.
El día de ayer en la noche (jueves 15 de julio) salí a cenar con mi esposa y una pareja de amigos. Fue día de escoger un lugar nuevo y tres fueron las opciones estudiadas: el Gu, el Salotto y el Harvey's. Como que el mood que yo traía era más bien de un lugar mas desenfadado y que se pudiera comer bien.
Durante la tarde fui decidiendo a cual de los tres ir, decidiéndome finalmente por Harvey's (Newton 178, Polanco).
El concepto es un Steak House (intento, pues) clásico norteamericano que combina una carta de mariscos y buenos cortes de carne. Me recuerda al Joe's Stone Crab House de Las Vegas, el Cut de Chicago y el Joe Forte's de Vancouver. La decoración es clásica gringa. El lugar está bien situado.
Al entrar me llevé la sorpresa de que tenían a un cuate cantando. Era un negro cantando canciones clásicas gringas de los 70's, con un aparato de karaoke. Me pareció agradable para el mood que yo traía.
El primer aproach fue pedir las bebidas. Nos ofrecieron cerveza de barril (Kloster), misma que pedí de inmediato con un chaser de tequila (sí, es el gloriosísimo tequicheve que no puedo perdonar). El mesero fue presto por las bebidas que le pedimos y regresó con cara-de-ya-te-chingaste a anunciar que se les había fermentado mucho la cerveza. Uta. Primer strike. Ok, lo resolví con una León que me pareció buenísima.
Mi brujer pidió una copa de vino blanco y la selección por copa que tenían estaba demasiado limitada. El que le trajeron estaba razonablemente pasable, pero así nomás.
El pan que pusieron al centro, tenía de esos palitos crocantes retorcidos con un poco de páprika. Al comerlos recordé el anuncio ese de el desaparecido chesco Teem (en donde un cabrón perdido en el desierto con un portafolios llegaba a un bar y en vez de pedir agua, pedía unas papas saladas. Se las comía y ya que estaba al borde del colapso, abría su portafolios y sacaba su chesco que estaba rodeado de hielo y se lo tomaba), pero solo en la parte de lo salado de las papas. Comías el panecillo y sentías como se te fruncía el hocico de la cantidad de sal. Fuchi.
Llegó entonces el momento de decidir las viandas. Dado que es un Steak House, obvio, procede preguntar cuál es el "signature cut" del restaurante. Ahí justamente es cuando me dí cuenta de la capacitación elemental de los meseros del lugar. Me respondió: el New York y el Rib Eye son la especialidad de la casa. Bueeeeeeno. También había Roast Beef y Prime Rib. Le pregunté por estos últimos dos cortes y su genial respuesta fue: bueno, es que esos se hacen en el horno. Todavía está dentro de su limitada capacitación, en donde sabe perfectamente dónde se hacen los dos tipos de cortes diferentes. Pero remató diciéndome que el Prime Rib era lo mismo que el Rib Eye, nomás que uno se hacía en el broiler y el otro en el horno. Joder, encima de todo cree que soy pendejo.
Decidí entonces aligerarle la carga al pendejo este y tomar las decisiones de acuerdo a mi instinto. Pedí el cangrejo moro, una ensalada de arúgula y espinaca y el Rib Eye (bueno, Prime Rib a la parrilla, pues). Mi vieja pidió la carne tártara y el cangrejo moro, Andrés unos ostiones naturales y la carne tártara y Jenny un cebiche peruano.
El tiempo de respuesta fue rápido. Mi amigo andrés probó sus ostiones (la mignonette que le llevaron estaba asquerosa) y el segundo estaba nada más y nada menos que echado a perder. Andrés, con la discreción de Houdini, logró escupir el pinche ostión (a la fecha no supe a qué hora y dónde quedó el ostión), llamó al mesero, le comentó el suceso y le ofrecieron cambiárselos por otros. Pendejos. A mi esposa le tocó la carne tártara fue bastante salada (la probé). a Jenny le trajeron su cebiche y lo calificó así nomás como bueno. Llegó mi ración de cangrejo moro (1/2 Kg.) consistente en 4 manos, mismas que estaban tronadas lo indispensable para continuar con la tarea. Estaban como en todos lados en donde te sirven algo que solo requiere de agua caliente para hervirlos: muy buenos.
Llegaron los siguientes platos. Andrés se quejó de lo mismo que mi esposa (la carne tártara muy salada). Mi Rib Eye con cara de Prime Rib fue, así nomás, sabrosito. El término de la carne fue casi logrado. Las guarniciones eran espinacas a la crema que estaban por demás insípidas y papa al horno, que es esa que la hacen puré y luego la hornean, que sabía a diablos. El sabor de la carne era solamente cumplidora, sin mayor comentario.
En cuanto a la selección de vinos, está cagadísimo porque tienen las recomendaciones del día en un pizarrón en donde destacan el Vega Sicilia Único a un precio de 7,800 pesos. Tienen anunciado el Alión en 1200 pesos y, bueno cuando menos a mí me da mala espina de que lo primero que encuentras en las recomendaciones son vinos baratitos como esos. Cuando pedí una copa de vino vino el ensarte con una media botella de Matarromera que no tiene pierde.
Ya cagados por la mala cena, llegó el sablazo: 3,720 (930 por piocha) más propela.
O sea estúpidamente caro para la mala calidad de sus alimentos y deficiente servicio. A mi jamás me ha dolido pagar por la buena calidad, pero eso....
Conclusión: JAMÁS regresaré a ese PINCHE restaurante. Guácala.
Durante la tarde fui decidiendo a cual de los tres ir, decidiéndome finalmente por Harvey's (Newton 178, Polanco).
El concepto es un Steak House (intento, pues) clásico norteamericano que combina una carta de mariscos y buenos cortes de carne. Me recuerda al Joe's Stone Crab House de Las Vegas, el Cut de Chicago y el Joe Forte's de Vancouver. La decoración es clásica gringa. El lugar está bien situado.
Al entrar me llevé la sorpresa de que tenían a un cuate cantando. Era un negro cantando canciones clásicas gringas de los 70's, con un aparato de karaoke. Me pareció agradable para el mood que yo traía.
El primer aproach fue pedir las bebidas. Nos ofrecieron cerveza de barril (Kloster), misma que pedí de inmediato con un chaser de tequila (sí, es el gloriosísimo tequicheve que no puedo perdonar). El mesero fue presto por las bebidas que le pedimos y regresó con cara-de-ya-te-chingaste a anunciar que se les había fermentado mucho la cerveza. Uta. Primer strike. Ok, lo resolví con una León que me pareció buenísima.
Mi brujer pidió una copa de vino blanco y la selección por copa que tenían estaba demasiado limitada. El que le trajeron estaba razonablemente pasable, pero así nomás.
El pan que pusieron al centro, tenía de esos palitos crocantes retorcidos con un poco de páprika. Al comerlos recordé el anuncio ese de el desaparecido chesco Teem (en donde un cabrón perdido en el desierto con un portafolios llegaba a un bar y en vez de pedir agua, pedía unas papas saladas. Se las comía y ya que estaba al borde del colapso, abría su portafolios y sacaba su chesco que estaba rodeado de hielo y se lo tomaba), pero solo en la parte de lo salado de las papas. Comías el panecillo y sentías como se te fruncía el hocico de la cantidad de sal. Fuchi.
Llegó entonces el momento de decidir las viandas. Dado que es un Steak House, obvio, procede preguntar cuál es el "signature cut" del restaurante. Ahí justamente es cuando me dí cuenta de la capacitación elemental de los meseros del lugar. Me respondió: el New York y el Rib Eye son la especialidad de la casa. Bueeeeeeno. También había Roast Beef y Prime Rib. Le pregunté por estos últimos dos cortes y su genial respuesta fue: bueno, es que esos se hacen en el horno. Todavía está dentro de su limitada capacitación, en donde sabe perfectamente dónde se hacen los dos tipos de cortes diferentes. Pero remató diciéndome que el Prime Rib era lo mismo que el Rib Eye, nomás que uno se hacía en el broiler y el otro en el horno. Joder, encima de todo cree que soy pendejo.
Decidí entonces aligerarle la carga al pendejo este y tomar las decisiones de acuerdo a mi instinto. Pedí el cangrejo moro, una ensalada de arúgula y espinaca y el Rib Eye (bueno, Prime Rib a la parrilla, pues). Mi vieja pidió la carne tártara y el cangrejo moro, Andrés unos ostiones naturales y la carne tártara y Jenny un cebiche peruano.
El tiempo de respuesta fue rápido. Mi amigo andrés probó sus ostiones (la mignonette que le llevaron estaba asquerosa) y el segundo estaba nada más y nada menos que echado a perder. Andrés, con la discreción de Houdini, logró escupir el pinche ostión (a la fecha no supe a qué hora y dónde quedó el ostión), llamó al mesero, le comentó el suceso y le ofrecieron cambiárselos por otros. Pendejos. A mi esposa le tocó la carne tártara fue bastante salada (la probé). a Jenny le trajeron su cebiche y lo calificó así nomás como bueno. Llegó mi ración de cangrejo moro (1/2 Kg.) consistente en 4 manos, mismas que estaban tronadas lo indispensable para continuar con la tarea. Estaban como en todos lados en donde te sirven algo que solo requiere de agua caliente para hervirlos: muy buenos.
Llegaron los siguientes platos. Andrés se quejó de lo mismo que mi esposa (la carne tártara muy salada). Mi Rib Eye con cara de Prime Rib fue, así nomás, sabrosito. El término de la carne fue casi logrado. Las guarniciones eran espinacas a la crema que estaban por demás insípidas y papa al horno, que es esa que la hacen puré y luego la hornean, que sabía a diablos. El sabor de la carne era solamente cumplidora, sin mayor comentario.
En cuanto a la selección de vinos, está cagadísimo porque tienen las recomendaciones del día en un pizarrón en donde destacan el Vega Sicilia Único a un precio de 7,800 pesos. Tienen anunciado el Alión en 1200 pesos y, bueno cuando menos a mí me da mala espina de que lo primero que encuentras en las recomendaciones son vinos baratitos como esos. Cuando pedí una copa de vino vino el ensarte con una media botella de Matarromera que no tiene pierde.
Ya cagados por la mala cena, llegó el sablazo: 3,720 (930 por piocha) más propela.
O sea estúpidamente caro para la mala calidad de sus alimentos y deficiente servicio. A mi jamás me ha dolido pagar por la buena calidad, pero eso....
Conclusión: JAMÁS regresaré a ese PINCHE restaurante. Guácala.
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